Ermita de Jesús del Llano

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En pleno descansadero mesteño del Santo Cristo se eleva, el exterior, esta sobria edificación de una sola nave y campanario en espadaña sobre la fachada principal. Pero el contraste con su interior es indescriptible: es todo luz. Aunque su única nave está profusamente decorada: desde los elementos geométricos y vegetales que llenan sus paredes a los frescos con escenas del Nuevo Testamento que cierran la bóveda en altura, lo que verdaderamente sorprende es su Torre Camarín. HORARIOS DE VISITAS. CLIC AQUÍ

El Santuario sustituyó a un sencillo “humilladero” que hasta finales del siglo XVII existió en el lugar que ahora ocupa la Cruz de las Azucenas, donde se dio culto desde tiempo inmemorial a la imagen de Cristo Crucificado aparecida, según tradición, en circunstancias portentosas, llegándose a su descubrimiento por una luz que se encendía y apagaba en las canteras próximas, por lo que se llamó en principio el “Cristo de la Luz”

El templo es de una sola nave con planta de cruz latina con bóveda sobre pechinas en el presbiterio y con una prolongación, de proporciones casi cuadradas en planta, que se corresponde con el camarín barroco. La edificación se completa con las dependencias, que permiten el acceso al camarín elevado, abiertas en el muro de la epístola a la altura del presbiterio. La fachada de la ermita se soluciona con una portada principal formada por un arco de acceso en
medio punto flanqueado por pilastras sobre las que apoya un frontón en el que reposa una hornacina también de medio punto donde se ubica una cruz. Sobre la portada se abre una ventana rectangular con molduras y en el tímpano del frontón de remate un óculo de iluminación. El conjunto culmina con una esbelta espadaña con dos cuerpos de campanas.

En los laterales de la bóveda que sostiene el coro alto se observan unos murales deteriorados de temas barrocos, representando un alma en pena y otra en gracia con sus respectivas cartelas en verso.

El camarín es del último tercio del siglo XVIII y obedece a de las líneas la escuela de Lucena y de Priego, por lo que pudiera atribuirse al lucentino Pedro de Mena Gutiérrez, autor de los estucados del sagrario de San Mateo.

Cuando algún visitante llega por primera vez y sube por la escalera que arranca de la sacristía, al acceder al rellano y mirar hacia arriba, cree hallarse en el Camarín, pero sólo es su entrada, de la que dice Galera Adreu que ya es suntuosa, cubierta con media naranja sobre pechinas de intradós gallonado y anillo mixtilíneo, bellísima en su conjunto. Es como un preludio del interior a menor escala pero también sorprendente.


Dos excelentes puertas de ebanistería neomudéjar del siglo XVIII contribuyen al ornato del conjunto. La de la sacristía que se abre a la escalera es de dos hojas con ornamentación poligonal trabajada por una sola cara; la de acceso directo al Camarín, de una hoja, está labrada por ambas caras con ornamentación diferente y se adorna con pequeños espejos.

El camarín es un típico ejemplar del barroco de yesería, donde se emplea con profusión el estípite -del latín “stipes”, estaca o tronco- usado también en el camarín de Zocueca cerca de Bailén; siguiendo sus autores la pauta de la sacristía de la Cartuja granadina, con antecedentes en el Sagrario de la Catedral de la propia ciudad.

Una gran hornacina con arco de medio punto abocinado hacia dentro, comunica el camarín con el templo para hacerlo visible desde éste; está decorado con hojarascas carnosas de acanto y tallos de vid, pájaros exóticos y dorados y grandes espejos de diversa forma.

Otros dos grandes estípites flanquean cada una de las ventanas y puerta de acceso, con infinidad de volutas muy contorsionadas, adornadas con ángeles y pájaros verdes y dorados.

Una gran cornisa en forma de entablamento con profundas involuciones, se acerca a las ventanas y puerta y se levanta sobre las columnas, dando lugar en sus lados a otras hornacinas con bellas peanas donde figuran los apóstoles San Juan y San Pedro en la cara a espaldas del Crucificado, Santiago el Mayor como peregrino y San Bartolomé sobre la puerta y San Andrés y San Mateo frente a ella. San Pablo está colocado sobre el arco que comunica el camarín con el retablo. 

A ambos lados de las hornacinas superiores hay sendos ojos de buey con vidrieras reales o simuladas, decorados con mascarones naturalistas, de cuyas bocas y narices arrancan tallos de vid y ramajes que completan la decoración de los espacios, rellenos además de pequeños espejos multiformes.

Como si se asomaran a la gran cornisa que delimita la cúpula, aparecen bustos de la Virgen María, de Santa Teresa de Ávila, del patriarca San José y la cabeza del Bautista, con figuras de las Tres Personas de la Santísima Trinidad.

Pero la profusión de volutas, ángeles, motivos vegetales, telas simuladas formando doseles y demás elementos decorativos que forman la cúpula de base poligonal mixtilínea, hacen imposible una descripción ordenada de esta parte y de todo el conjunto. Termina estrechándose en forma de linterna de mucha elevación, difícil de observar por esta causa y hasta de escribir, porque de no ser así no sería un ejemplar típico de yesería andaluza ni la exuberancia decorativa llegaría a tan altos límites. 

BASADO EN EL LIBRO -UN POEMA DE PIEDRA Y CAL - D. Juan Muñoz-Cobo
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