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Lunes, 06 de Julio de 2009 16:40
A los pies del Castillo de Bury Al-Hamma se extiende la villa señorial de Baños de la Encina, que jugó en tiempos un importante papel de guarda y defensa contra las avanzadillas cristianas y hoy conserva con mimo una compleja conjunción de riqueza arquitectónica, valores culturales y calidad ambiental difícil de encontrar en otros municipios de la provincia.
La localidad se encuentra en las primeras estribaciones al sur de Sierra Morena (420 metros de altitud sobre el nivel del mar), a 52 kilómetros de la capital, y con un fácil acceso a través de la autovía de Andalucía (Km. 288), a 6 kilómetros de ésta. Cuenta con una población de 2.747 habitantes, repartidos entre el núcleo de Baños de la Encina y el antiguo poblado minero de El Centenillo. Existieron otras pedanías como Araceli, los Monasterios, los Guindos, colonia de Selladores, Rumblar o Virgen de la Encina, hoy prácticamente despoblados o convertidos en lugares de recreo durante fines de semana, puentes y vacaciones, que conservan aún el testimonio de un pasado lleno de historia y tradiciones.
Con una extensión superficial de 392 KM2 , el término municipal de Baños de la Encina presenta dos zonas claramente diferenciadas, dominadas de forma casi absoluta por un paisaje de dehesa, sólo roto por una pequeña franja de olivares, al sureste, al pie del casco urbano, y algunas parcelas aisladas de cereal. Una, la zona de valle, al sur, en la que se localiza el núcleo urbano, de terrenos alomados con pendientes suaves, y la otra, al norte, lindera con la provincia de Ciudad Real, que cuenta en su mitad oriental con asentamientos mineros cuya explotación ha condicionado el devenir histórico de este pueblo.
Su mitad occidental forma parte del Parque Natural de la Sierra de Andújar, y que se eleva bruscamente hasta alcanzar cotas superiores a los mil metros (Cerro de los Caballeros, con 1.093 m). Otros vértices importantes son Selladores (968 m), Peñón jurado (932 m), Alarcones (762 m) y moro (677 m).
El pasado de Baños de la Encina conserva las primeras evidencias de existencia humana en los yacimientos encontrados en las terrazas fluviales del valle del río Rumblar (Galay, Santa Inés o Angulo), datadas entre los años 1 00.000 y 30.000 a. C. la transición entre el Neolítico y la Edad de los Metales queda patente en la gran cantidad de pinturas rupestres esquemáticas que se localizan en abrigos y covachas al norte del término municipal. Aunque, quizás, la mayor riqueza arqueológica se corresponde con el pleno desarrollo de la cultura argárica en la cuenca media de¡ río Rumblar. También existen evidencias de asentamiento de la cultura ibérica (Salas de Galiarda) y de época romana.
En la Edad Media, con la ocupación árabe, agotada la principal fuente económica de otras épocas, la minería, se intensifica la especialización agraria, hasta el punto de convertir la zona más próxima al núcleo urbano, Valdeloshuertos, y el propio núcleo, en un verdadero paraíso artificial de agua y huertas a través de una compleja red de pozos, aterrazados bancales y acequias, que se desarrollaban bajo la atenta vigilancia de la fortaleza de Bury Al-Hamma, que ejercía un estricto control administrativo y económico de la zona, a la vez que servía como acuartela- miento de tropas y control y defensa de las poblaciones más al sur de Sierra Morena.
 

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